Los Arboles - El Timbó - Por Pamela O.

El Timbó, un árbol de la pluriculturalidad: “Pakará” en quechua, “Cambá-nambí” en guaraní..

Pospandemia 01/10/2020 Pamela O.
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El eslabón más joven en toda la evolución del reino vegetal según la ciencia. Su arquitectura busca explorar la biosfera y su sombra fresca genera ambientes frescos y húmedos que equilibran los flujos de aire y agua del planeta. Su forma excelsa le permite la interacción con múltiples formas de vida, sirve de refugio y estructura para otras especies, alimento, fuente de agua en lugares de difícil acceso.  Se dice que el árbol es la expresión de la energía del sol que se aloja en la madre tierra. Su nobleza como ser, su naturaleza, me lleva a escribir estas líneas, que no dejan de ser supuestos e interpretaciones. Son solo eso, cosas que aprendí porque entendí en el marco del conocimiento humano, pero que siento que nunca serán la verdad, esa que no tiene palabras, esa que se siente cuando uno se detiene a observar un árbol, se interna en un bosque o contempla la selva, en silencio, solo percibiendo. 

Leí de Paracelso una analogía entre la fisiología humana y vegetal, muy didáctica para comprender la función de los órganos del árbol. Esto me ayudó a entender muy claro su delicado equilibrio y ser consientes de la vida que alojan, tan sutil como nuestra propia vida.

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Comparemos el órgano del intestino humano con las raíces de un árbol.  Por cada filamento capilar de las mismas ellas absorben el agua y los nutrientes disponibles en el suelo. El sistema circulatorio es el que se encarga de que estos vayan a las partes del cuerpo que lo necesiten. En el árbol, el xilema es el conjunto de células conectadas en perfecto equilibrio vascular, encargadas de llevar las sustancias inorgánicas que absorben las raíces para ser metabolizadas en las hojas y, luego el floema, conduce la savia elaborada hasta cada órgano para nutrirlo. En forma similar funciona nuestro sistema vascular usando la sangre como medio de transporte de nutrientes, siendo los pulmones el órgano  que realiza el intercambio gaseoso gracias al aire  que respiramos.

En el caso del árbol, este roll lo tienen las hojas. Si, las hojas son los pulmones del árbol, que fijan el carbono del aire, y así convierten las sustancias inorgánicas en cadenas carbonadas, células para su crecimiento, y compuesto base de todo organismo vivo. Otras de las funciones nobles del árbol por ser del reino vegetal, es autótrofo y produce células “vivas”, capaces de propiciar el alimento para otros seres.  

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El esqueleto del árbol, el duramen, el conjunto de células muertas en el medio del tronco o rama, le permiten su estructura y así elevarse, como los huesos nos permiten erguirnos a los humanos. 

Por último y no menos importante la piel, que en los árboles es la corteza y en ella se encuentra su sistema vascular. El dato que hace la diferencia ya que una lastimadura en todo el perímetro del tronco le puede quitar la vida. 

Simple y valioso, fuerte y sutil, así es el árbol, noble y parte de nosotros. 

Cuando comas una rica fruta, tomes mate o sientas la brisa en la cara, ahí está. Hacer consiente su procedencia, es como mirarlo a los ojos y hablar sin palabras.

Y hablando de comparaciones entre humanos y árboles… Les quería contar sobre esta especie en particular, su nombre científico es Enterolobium contortisiliquum, “Pakará” en quechua, “Cambá-nambí” en guaraní, “Timbó” u “Oreja de Negro” llamado comúnmente en Buenos Aires.  

Este árbol sudamericano, de flores dispuesta en forma de pompones blancoquecinos, tiene como hábitat natural la selva de Yungas, misionera y chaqueña, y selva en galería que recorre los ríos Paraguay, Paraná, Uruguay llegando a la cuenca y estuario del Plata...  Apto como árbol urbano porque forma copa alta aparasolada, es rústico, de crecimiento rápido y follaje semipersistente. Importante es la buena sombra de reparo que aporta en los días agobiantes de verano, aminorando asi, el calor del cemento expuesto a los rayos del sol. Se identifica desde lejos por el grosor del fuste en relación a su altura. Es el mas robusto de los altos de la región, que sumada su corteza lisa y grisácea, el tronco se parece a la pata de un elefante.

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No posee una floración llamativa pero su fruto negro arriñonado da que hablar. “Oreja de negro”, por la peculiar forma y color de gran parecido con la parte del cuerpo humana. En su lugar de origen sirve de alimento al mono carayá negro, el tapir y el pecarí de collar; también es planta hospedera de varias mariposas. 

Según los que saben, contiene saponinas que sirven para lavar la ropa! Dato de color para los aventureros limpios que recorren latinoamérica con bajo presupuesto. La etnia Pilagá lo utilizaba como jabon casero.  Si se quiebra el fruto y se los sumerge en un frasco con agua, al agitarlo hace espuma. Hay que verlo. También su corteza tiene taninos se usan para la curtiembre de cueros.

Existen leyendas de los pueblos originarios respecto de este fruto. De todas ellas se destaca la del padre, Saguaá, que esperando el regreso de su hija Tacuarée, falleció apoyando la oreja contra el suelo, esperanzado de escuchar venir sus pasos. Cuando lo levantaron su oreja quedó aferrada a la tierra y de allí brotó este árbol. Así el timbó según esta historia guaraní simbolizaba el amor paternal.

Con su madera blanda, liviana y flexible, realizan canoas de una zola pieza, ahuecando el tronco. La resina lo hace resistente al agua. Actualmente también se lo utiliza para confeccionar muebles, envases y cajones de colmenas.  

Otro dato antropológico de esta especie, se da en la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy destacado, en la Plazoleta José Luis Romero (en la intersección de las calles Puan y Fernandez Moreno) de la ciudad porteña, se encuentra el retoño del “Pacará de Segurola”.

Parece que bajo el árbol, el Dr. Saturnino Segurola (1776-1854) aplicaba la vacuna contra la viruela, en época de pandemia mundial, cuando no se conocía ningún remedio para combatir el virus letal Variola major. Él se ofreció a aplicar, en 1810 y 1830, la inoculación del virus vacuno, llamado asi por su descubridor Edward Jenner, médico rural inglés.

Estas muestras llegaron a Buenos Aires desde el viejo continente y Segurola fue el pionero en esta zona que aprendió conservarla y propagarla. Confió en sus beneficios y en la quinta de su hermano, bajo este árbol, la aplicaba con permiso del gobierno. La sociedad de la época respondió bien a esta oportunidad para preservar su salud y de allí surgió el nombre generalizado de “vacuna”. El Pacará o Timbó original vivió casi 2 siglos, hasta 1990, año en que fue retirado por el municipio por presentar un estado fitosanitario precario, peligroso por la quebradura de su ramas en un espacio que se volvió urbano. En su lugar se plantó un ejemplar obtenido de sus frutos, criado en el vivero municipal. 

El timbó, es un árbol que puede elevarse por sobre la selva, buscando la luz hasta 30 metros de altura, aprox. lo mismo que un edificio de 10 pisos, con un diámetro de tronco de 1,60mts. La diferencia, es que es un organismo vivo, en armonía en toda su arquitectura, autoalimentandose y proveyendo de recursos a su alrededor, y ahí es donde perdemos definitivamente la relación de comparación con el humano. 

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 El TIMBÓ EN EL CINE

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La Canoa de Ulises es un cortometraje de Diego Fió del año 2016. Trata de la historia de Itaeté y su nieto Ulises, ambos del pueblo Guaraní  en relación a las circunstancias que surgen en la construcción de una canoa utilizando un Timbó.

 Itaeté (anciano) y Ulises (15 años) están internados en la Selva Misionera acampando. Ambos son indígenas Guaraníes y están convirtiendo un árbol de timbó en una canoa tradicional. Itaeté trata de inculcarle su legado tradicional en la construcción de canoas, pero el muchacho no está muy interesado. Su verdadera vocación está vinculada a la música. Es rapero. Por una pequeña discusión entre ellos, el anciano decide manipular el tronco solo. Esto hace que la canoa ruede hacia el fuego y comience a incendiarse. Ulises acude en su ayuda y entre los dos impiden que la canoa se destruya, pero, en el descuido, una serpiente de coral muerde al anciano. Ulises no percibe esto y continúa trabajando para apagar el incendio. El anciano se interna en el monte buscando una planta medicinal. Luego de hacerse una curación, reza a su Dios para que lo ayude. Ya de noche, Ulises se duerme aún ofendido por aquel pleito. El muchacho desconoce el padecimiento de Itaeté. A la mañana siguiente, el anciano se levanta convaleciente. Tiene el brazo hinchado por el veneno. El muchacho nota la picadura y lo carga en sus hombros. Ambos emprenden el retorno en el bote a motor que los trajo, pero Itaeté se encuentra muy grave. En el viaje, el bote se queda sin combustible y Ulises tiene que continuar remando. Para cuando el muchacho consigue tener señal de celular, el anciano ha muerto, no sin antes pedirle que termine la canoa. Ulises vuelve al campamento, entierra al anciano cerca de un pequeño árbol de Timbó y retoma su trabajo con la canoa. Mientras golpea con el machete la corteza quemada de la canoa, rapea utilizando los golpes como Bits. Su rap habla de Itaeté y del orgullo de ser guaraní. Esta vez el rap no es en castellano. Esta vez Ulises rapea en Guaraní.

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EL TIMBÓ, LA TRADICIÓN Y EL DESCUBRIMIENTO DE LA IDENTIDAD  I  DIEGO FIÓ

La palabra tradición me fascinó desde niño. Según el diccionario, es el conjunto de bienes culturales que se transmiten y se mantienen de generación en generación dentro de una comunidad. Mis abuelos las tenían y las cumplían como el ancla que los sujetaba de la deriva. En mi niñez creí que esa palabra estaba cargada de una connotación conservadora y rígida. Como algo que debía mantenerse a rajatabla, sin justificación, estática e inmutable. Pero a medida que iba creciendo, iba incorporándolas invisiblemente. Esta vez con mi propia impronta. Fui creando mis propias tradiciones con contenidos míos pero también con contenidos de mis antepasados, y así fui descubriendo mi “yo” más genuino y real. Esta revelación, que para muchos puede ser evidente, para mí fue tan sorprendente que dio lugar a la creación de este cortometraje.

 Las tradiciones lejos de ser rígidas, cambian permanentemente. Cada generación elige lo que quiere hacer perdurar y lo suma a su propia historia, a sus propios hábitos que surgen de la edad histórica que es toca vivir. La palabra tradición está más cerca de la palabra cambio que de la palabra permanencia.

Desde que los pueblos originarios de América fueron desplazados de sus tierras a manos de los conquistadores, el indígena ha tratado de adaptarse a la nueva realidad tanto territorial como cultural. La reducción de su territorio a la mínima expresión llevo al indígena a cambiar su modo de sustento, vinculado a la naturaleza, para colocarlo en las filas del sistema capitalista impuesto por occidente.

Esto no es nada nuevo y viene sucediendo desde que Colón puso su pié en América, pero hoy en día, con la conectividad que nos permite internet y los medios de comunicación modernos, el indígena accede a contenidos globales y trata de decodificarlos e incorporarlos a su propia cultura.

Este cortometraje nace de un viaje en el que conocí un grupo adolecentes Guaraní-Mbya que hacían Hip Hop. (Guaraní-Mbya es un pueblo indígena del norte de Argentina). Ellos utilizaban ese género musical porque podía expresar fácilmente su contenido de protesta ante la injusticia que el indígena tiene que soportar diariamente. Ya no se hacían canciones tradicionales Guaraníes sino que se utilizaba el RAP y el Hip Hop para decir lo que necesitaban que el mundo escuchase. En un principio hacían canciones en español, pero a medida que las diferentes comunidades guaraníes, esparcidas por la selva misionera, se iban interesando en ellos, los adolescentes decidieron comenzar a rimar y componer RAP y HIP HOP en su lengua nativa. El Guaraní-Mbya.

Sin darme cuenta estaba siendo testigo de la creación de una nueva tradición, pero siendo los mundos tan diferentes, el choque de lo antiguo y lo moderno era muy potente. Los ancianos tratando de entender lo nuevo y los adolescentes buscando distinguir y valorar lo ancestral. Eso tan antiguo que pierde la lógica en mundo de hoy. La canoa es ese símbolo. Es ese elemento que fue fundamental en la vida de este pueblo y que hoy carece de sentido y funcionalidad. Sin embargo el arte de la construcción de canoas con árboles de timbó es lo que arraiga al Guaraní a sus ancestros, a sus creencias y a su historia. Tanto como un ancla que los sujeta de la deriva histórica.

De eso trata este cortometraje. Del choque de lo antiguo y lo moderno, de la tradición frente a la innovación, pero sobre todas las cosas trata del descubrimiento de la propia identidad, del descubrimiento de nosotros mismos. El árbol es árbol solo cuando sus raíces abrazan el suelo

El cortometraje se puede ver gratis en CINE.AR

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