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La Matanza le pone un freno a las fumigaciones con agrotóxicos a metros de las viviendas.

Tras las presentaciones ante la justicia, la familia de Erika Gebel encontró eco en el Concejo Deliberante de La Matanza que aprobó la ordenanza que restringe el uso de agrotóxicos.

Información 01/02/2023 Naturaleza de Derechos Naturaleza de Derechos
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En la última semana del año 2022, el Concejo Deliberante de La Matanza decidió aprobar la Ordenanza que prohíbe las fumigaciones aéreas con agrotóxicos en todo el Partido de La Matanza, a su vez, considerando la información científica disponible estableció una protección 1.100 metros para las fumigaciones terrestres respecto de toda área urbana, cursos de agua superficial, pozos de agua, establecimientos educativos, efectores de salud, viviendas rurales y reservas naturales, lo cual implica una prohibición absoluta en toda la jurisdicción municipal.

La ordenanza municipal se corresponde con la historia de Erika Gebel, su compañero Miguel Rodríguez y los hijos/a de ambos. Los Gebel – Rodríguez se fueron a vivir al Barrio Nicole en el Partido La Matanza una década atrás. Allí construyeron su vivienda en el terreno que compraron lindante a un campo. A los meses de instalados verían con sus propios ojos como ese campo se transformaba en un inmenso sojal fumigado con venenos, instalado en el medio de un barrio suburbano donde habitan miles de personas.

“Apenas instalados vimos los tractores con un equipo de arrastre fumigador, que pensábamos dentro de nuestras ingenuidad que regaban las plantas de Soja con agua por las temperaturas elevadas, y además porque no se no utilizaban ningún equipo especial. Aunque percibíamos que cada vez que se fumigaba olores fuertes, ya que se fumigaba calle de por medio de nuestra casas. Que con el tiempo pudimos saber que no era agua, ni que regaba, sino que eran fumigaciones con agrotóxico” nos relataba Erika, cuando acudió a Naturaleza de Derechos para que acompañáramos su reclamo.

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Fue así como empezaron a conocer los olores de los agrotóxicos y también los problemas de salud de todos los integrantes de la familia sin obtenerse un diagnóstico médico preciso y las causales. “Primero fueron los síntomas de alergia en pie, donde en la guardia de salud nos decían que como estábamos viviendo en un lugar donde había más plantas y era más abierto seguramente era una alergia de verano producida por el calor o la tierra y así continuamos con esas explicaciones durante años. Los problemas fueron agravándose hasta qué mi hijo de 7 años terminó internado por sarpullidos en la piel y erupciones con cambios de coloración en la piel.” Apunta Erika. “En la guardia pensaban que podían ser eruptivas pero nunca nos decían cuál era el origen o qué era. También comenzaron a presentarse sangrados de la nariz en los menores sin explicación alguna, luego se sumaron dolores de cabeza, de estómago y diarreas continuas durante todos estos años.” Agrega Miguel.

En el año 2020, en plena pandemia del COVID-19, la Unidad de Toxicología del Hospital Gutiérrez de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires advierte que los problemas de salud de la familia podrían estar relacionados con la exposición a los agrotóxicos al tomar dato de esa circunstancia que se daba en los antecedentes socioambientales del caso.

De inmediato se ordenaron estudios de presencia de agrotóxicos en sangre y orina, las enzimas colinesteresas y de Genotoxicidad, lo que debería ser ya un protocolo sanitario por defecto. Son estudios específicos que pueden dar cuenta de la relación de los problemas de salud con la exposición a los agrotóxicos.

A los meses, las sospechas se confirmaron con el rigor frío de los datos crudos que arrojaron los estudios que confirmaron que para la familia de Erika vivir en su propia casa era una situación de riesgo grave, muy principalmente para los hijos/as.-

Con los resultados en las manos, en el mes de Setiembre de 2021, la toxicóloga del Hospital Gutiérrez, fue tajante con Erika: “Te tenes que mudar cuanto antes, y no consuman agua de la canilla”. Luego de esa recomendación y ante una nueva fumigación en el sojal vecino, a fines del año 2021, la familia tomó la drástica y dura decisión de mudarse de su propio hogar. Pudieron sostener la mudanza durante 10 meses, en razón de las peripecias propias de una economía inflacionaria que hace insoportable sostener un alquiler.

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Por eso, Erika y Miguel se cansaron. Se preguntaron, ¿por qué tenemos que irnos nosotros? Si nos vamos estamos cediendo, pensaron, “además las fumigaciones están afectando a miles de familias, las que muchas de ellas, no saben de los daños de los agrotóxicos. Pero no vamos a volver para que nos envenenen y sigan fumigando, sino para que dejen de envenenar a mi familia y a todo el barrio, ese sojal no puede estar ahí, primero está el derecho de la gente a vivir tranquila en su propia casa, no somos delincuentes para dejar nuestras casas, delincuentes son los que fumigan con venenos al lado de patios donde hay niños jugando, delincuentes son los funcionarios que hablan de fitosanitarios cuando son venenos que matan y enferman a la gente que después de trabajar todo el día tiene el mínimo derecho a estar en su casa junto a familia tranquila y no estar corriendo mosquitos fumigadores a la medianoche” nos afirmaba con claridad Erika.

Fue entonces que Erika motorizó la autoorganización en el Barrio, dando nacimiento a una asamblea para concientizar a todos los vecinos y vecinas de la problemática de los agrotóxicos, encontrando el eco solidario y empático de muchas personas de los pueblos fumigados. Se realizaron charlas en los colegios y reuniones con otras organizaciones sociales de La Matanza, inclusive Erika participó del Encuentro Regional de Pueblos Fumigados de la Provincia de Buenos Aires en San Miguel en el mes de Mayo 2022 contando su historia, también se acudió con presentaciones administrativas ante el municipio denunciando las fumigaciones y reclamando una ordenanza que proteja al barrio Nicole de los agrotóxicos.

A la par, en el mes de Junio 2022, Erika decidió recurrir a la justicia federal – con el acompañamiento del patrocinio jurídico de Naturaleza de Derechos - responsabilizando al Estado en todos sus niveles, demandando al SENASA para que proceda a la revisión de la autorización del Glifosato y decenas de agrotóxicos cancerígenos, al Municipio de la Matanza por su omisión de legislar en la materia, a los fumigadores por envenenar el ambiente y a todo un barrio, a la Provincia de Buenos Aires por su responsabilidad sanitaria y al ACUMAR que teniendo una jurisdicción ambiental especial en La Matanza miró en este tema para otro lado con sesgos de complicidad manifiesta. La justicia ordenó medidas probatorias (análisis de agua e inspección ocular) y notificó a las demandadas de la acción judicial y medidas cautelares solicitadas por Erika.

A partir de la denuncia pública de Erika, los responsables del sojal en el Barrio Nicole no volvieron a fumigar con agrotóxicos durante el 2022, sin necesidad de la interpelación judicial. Pero igual Erika no se quedó de brazos cruzados, siguió activando incansablemente desde la Asamblea ante el Poder Político local para que se avance definitivamente en una ordenanza que le pusiera un fin al uso de los agrotóxicos en el Barrio Nicole y en toda La Matanza.

Tras varias reuniones con las organizaciones con representación electoral en el Concejo Deliberante de La Matanza en conjunto con las autoridades del Poder Ejecutivo y dentro del marco institucional de las comisiones respectivas, este fin de año, el poder político local respondió al reclamo de la asamblea vecinal motorizado por Erika a raíz de su padecimiento familiar.

La ordenanza municipal recoge los basamentos de la información científica de la ciencia digna aportada por investigadora Dra. Delia Aiassa especializada en Genotoxicidad que da cuenta de un dato técnico preciso que debe referenciarse como un umbral de daño a las exposiciones a los agrotóxicos (1095 metros de protección de las fumigaciones terrestres) y cuya aplicación en todos los territorios resulta imperiosa, no como una solución definitiva, porque no lo es, sino como una medida paliativa urgente e impostergable en el marco de discusión moral, jurídica, ambiental y política de un modelo agroindustrial insostenible y ecocida.

Desde el año 2007 acompañamos los reclamos de la población ante las fumigaciones con agrotóxicos en las adyacencias de los pueblos como así también la lucha por el acceso al agua potable en la Argentina. Hemos conocido decenas y decenas de luchas locales, con sus relatos e historias que forman parte de un derrotero de denuncias que forjaron la convicción inmodificable de que estamos ante un modelo de producción agroalimentaria incompatible con los derechos humanos fundamentales y también los de la naturaleza.

Y sobre ello no podemos dejar de mencionar, dado nuestro carácter testimonial directo en gran parte de los casos, que ese catálogo revelador tiene como eje la acción y la motorización colectiva de las mujeres en los territorios fumigados de la Argentina. Lo vimos en el inicio con Margot Goycochea en Los Toldos, las Madres de Ituzaingó en Córdoba, Cristina Monsalvo en Alberti, las médicas María del Carmen Sevesso y Analía Otaño en el Chaco, Ana Zabaloy con la Red de Docentes, la queridísima Sabrina Ortiz en Pergamino, Ana María Rodríguez de Suteba y compañeras de la Multisectorial en Marcos Paz, Mariela Leiva y Estela Lemas en Entre Ríos, en las compañeras motivando y generando la auto-organización en las localidades bonaerenses de Bolívar, San Andrés de Giles, Trenque Lauquen, Necochea, Campana, Lobos, San Miguel del Monte y Campana, entre otras tantas.

No hay nada para festejar ni para celebrar ni menos agradecer que el poder político representativo de La Matanza legislara sobre lo que efectivamente debió hacer muchos años atrás, solo tener, por un rato, la tranquilidad que la perseverancia de quienes accionan y reclaman contra un modelo depredador y ecocida, como en el caso de Erika, su familia y la asamblea vecinal de La Matanza, encuentra en este fin de 2022, su merecida recompensa.

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Foto Portada de Erika: La Vaca.

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