Juicio al Veneno. Audiencia Nro 4.

Audiencia del 26 de Febrero de 2026. Ampliación de la  Indagatoria de Tocalini e inicio de la ronda testimonial de la Acusación.
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Juicio al Veneno.

I. Ampliación de la Indagatoria de Mario Tocalini
Al reanudarse la sesión ante el Tribunal Oral Federal N° 2 de Rosario, el abogado defensor de los exfuncionarios municipales, Dr. Marchetti, solicitó una ampliación de la indagatoria para su asistido, Mario Tocalini (exauditor de la Dirección de Ambiente Rural), con el fin de realizar aclaraciones técnicas antes de la declaración de los testigos.

Descargo contra la Policía Federal: Tocalini se refirió al testimonio del sargento primero Montedoro (quien el día anterior declaró que los vecinos lo llamaban directamente a su celular porque el municipio "no les llevaba el apunte") . Tocalini argumentó que si las denuncias se hubieran canalizado formalmente por la línea municipal 147, el sistema habría derivado automáticamente el aviso a los teléfonos de los inspectores de área, sugiriendo que la intendencia no tenía conocimiento de que la PFA actuaba de forma independiente.

El caso de la quinta de Mario Rosés: Exhibiendo nuevamente fotografías en PowerPoint, ratificó el contenido de su informe de auditoría N° 643 del 24 de agosto de 2018 (ocho días después de la denuncia original de Sabrina Ortiz) . Afirmó que la inspección ocular comparativa demostró la total ausencia de malezas quemadas por herbicidas, concluyendo que el productor Rosés solo aplicó hormiguicida de venta libre con una mochila de mano en la vía pública y no mediante un "mosquito" autopropulsado.

Defensa de oficio: Detalló dos actuaciones específicas para demostrar que el municipio sí respondía:

  • Acta del 21 de julio de 2017: Informe de auditoría N° 548 en calle Mancilla al 470, firmado en disconformidad por el vecino Sergio Barbieri (esposo de Sabrina Ortiz), donde los inspectores asentaron "ausencia de olor y de maquinaria" al momento de constituirse.
  • Incidente del 20 de agosto de 2018: Tocalini relató que acudió de noche y en su auto particular tras un llamado directo de Ortiz. Aseguró que ingresó al Barrio Villa Alicia con las luces apagadas para realizar una inspección sorpresa en el invierno y dejó constancia de que al llamar al 147 a las 20:31 hs le informaron que no había denuncias ingresadas, registrándose el reclamo recién a las 20:44 hs.

Como estrategia defensiva recurrente, el imputado se negó a responder preguntas de la fiscalía y de la querella.

II. Ronda de Testigos de la Querella y la Fiscalía
1. Testimonio de Pedro Rafael Ortiz (Padre de Sabrina Ortiz) 
Entorno y cercanía extrema: Declaró que habita en la calle Mancilla al 494 (Barrio Viajantes/Villalicia) desde el año 1995 [33:17]. Describió de forma contundente que el campo de soja del imputado Mario Rosés se encuentra cruzando la calle, a escasos 12 metros del frente de su vivienda. Explicó que el cultivo intensivo de soja comenzó de forma sostenida en 2007.

Dinámica de las fumigaciones: Detalló que las aplicaciones con máquinas pesadas ("mosquitos") eran usuales para el barbecho químico y el control de plagas. Describió el fenómeno de la deriva (el desplazamiento del agroquímico suspendido en el aire por acción del viento) señalando que, debido a la velocidad de los mosquitos y las condiciones climáticas cambiantes (viento sur o remolinos), las sustancias químicas invadían directamente la línea de las casas.

Identificación olfativa y sintomatología: Ortiz, quien trabaja en el INTA Pergamino, afirmó que podía identificar perfectamente mediante el olfato el olor penetrante del Glifosato y del 2,4-D. Describió que la inhalación de estos productos dejaba de inmediato un "gusto metálico y amargo" en la boca, provocaba una fuerte irritación en los ojos y sequedad en la garganta. En la piel, el contacto con la deriva le generaba una erupción constante de forúnculos severos en la espalda, brazos, manos y cabeza, afección cutánea que jamás había padecido antes.

El drama familiar y la ineficacia médica: Relató con profunda emoción el deterioro de la salud de sus nietos (Fabricio y Ailén), quienes presentaban brotes de ampollas y bajas defensas (ganglios inflamados), lo que obligó a la familia a trasladarse a Buenos Aires ante la imposibilidad de los médicos locales de Pergamino de diagnosticar la causa, limitándose a recetar cremas para una "supuesta alergia" que no surtía efecto. Declaró haber llorado de impotencia en su trabajo al ver a sus nietos graves y ver interrumpida la escolaridad de la menor.

Denuncias ignoradas: Confirmó haber llamado al menos cinco o seis veces a la línea municipal 147 mientras el "matayuyo" (herbicida) estaba aplicando frente a su ventana. Sostuvo que las máquinas terminaban su trabajo y se retiraban sin que jamás se presentara un inspector a fiscalizar en tiempo real.

El uso de la "tuba" frutícola de Roces: Ortiz diferenció el "mosquito" de la "tuba", una maquinaria con un potente turboventilador que Rosés acoplaba a un tractor Fiat anaranjado sin cabina para fumigar los montes de duraznos. Denunció que el chorro de la tuba impactaba directamente contra las puertas y ventanas de su vivienda. Recordó que en una oportunidad le pidió humanamente a Rosés que cortara la aplicación al pasar frente a su casa, pero el productor se negó, obligando a la familia a abandonar el domicilio por tres días debido a que el olor atrapado en el interior era intolerable.

Amenazas e intimidaciones de Cortese: Denunció judicialmente un grave hecho de violencia ocurrido en el año 2020: cuando salía de cumplir sus funciones en el INTA conduciendo su camioneta Toyota a 60 km/h y remolcando un rollo de pastura, el imputado Fernando Cortese bajó a alta velocidad del puente de la autopista y le tiró su camioneta encima de forma deliberada, obligándolo a dar un volantazo brusco para evitar un accidente potencialmente fatal. Ortiz realizaba esta maniobra acompañado por su nieto de entonces 14 años. Añadió que los productores linderos operaban de forma impune, instalando cámaras de seguridad que apuntaban al interior de su vivienda e intentando bloquear sus fuentes de trabajo de labranza rural ensuciando su nombre ante otros dueños de campos,

Ocultamiento de pruebas: Bajo las preguntas del Dr. Gonzalez Quintana, recordó haber presenciado cómo del predio de Roces retiraron camiones cargados con una gran cantidad de bidones de agroquímicos escondidos en un sector de aserradero, movimientos que se realizaron de forma urgente días antes de que la justicia federal ejecutara el allanamiento en el lugar.

Contradicción señalada por la defensa: El defensor de Cortese, Dr. Damián Escudero, leyó una declaración anterior de Ortiz fechada en agosto de 2020 donde el testigo mencionaba que en el incidente de la ruta no había podido divisar con total nitidez al conductor debido a los vidrios polarizados de la camioneta Hilux blanca. Ortiz ratificó en la sala que, más allá de los vidrios, conocía perfectamente la silueta, el vehículo y el accionar de Cortese.

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2. Testimonio de Isabel Cristina Muñoz (Madre de Sabrina Ortiz) 
Impacto ambiental intra-domiciliario: Ratificó que viven desde 1995 a una distancia aproximada de 10 metros del campo de Mario Roces. Relató que la invasión del veneno era de carácter ambiental: "El olor se venía todo para adentro de mi casa y de la de mi hija... cerrábamos las ventanas pero quedaba todo atrapado adentro". Ello los forzaba a evacuar de urgencia a los niños hacia la casa de otros familiares en zonas céntricas.

Fumigaciones nocturnas: Confirmó que Roces realizaba de forma sistemática las aplicaciones al caer la tarde o durante la noche, identificando el movimiento del "mosquito" por las luces de trabajo divisadas desde sus ventanas. Estimó haber presenciado estas maniobras directamente en más de diez oportunidades anuales.

Efectos corporales directos: Detalló los síntomas inmediatos que padeció al respirar el aire contaminado: ardor agudo en los ojos, sequedad extrema en la garganta, picazón nasal y la aparición posterior de ronchas que se transformaban en ampollas en la piel. Aseguró de forma contundente que estas afecciones cesaron de inmediato y de forma definitiva una vez que intervino la justicia federal y dictó la medida cautelar que obligó a Roces a dejar la soja y pasar a la producción de rollos de pastura.

Coincidió con su esposo en que las consultas médicas en las salitas de primeros auxilios del barrio solo derivaban en la entrega de preparados de cremas dermatológicas que no ofrecían ninguna solución al problema de fondo, el cual reaparecía de manera sistemática con cada nueva fumigación.

3. Testimonio de Luciano Andrés Marina (Ingeniero Electromecánico y Vecino)
Ubicación catastral: Explicó que construyó su vivienda familiar en el Barrio La Lucila (calle Los Almendros al 1251) en julio de 2015. Indicó que el fondo de su terreno colinda, calle por medio (calle Escudero), con las tierras de cultivo explotadas por Fernando Cortese, teniendo una visual directa en altura desde el segundo piso de su casa hacia los galpones y silos del productor, ubicados a unos 200 metros.

Fumigaciones clandestinas a luces apagadas: Declaró que tras la organización vecinal y las primeras notificaciones judiciales del conflicto, comenzó a prestar una atención rigurosa a las maquinarias [01:25:08]. Denunció haber presenciado en dos o tres oportunidades la operación de un "mosquito" aplicando fitosanitarios durante la noche y con las luces de la maquinaria completamente apagadas, encendiéndolas y apagándolas de forma intermitente para ocultar su marcha en la oscuridad del lote.

Gusto metálico pericial: Marina aportó un dato técnico sensorial clave: afirmó que no recordaba las variables del viento, pero sabía con exactitud matemática cuándo se estaba fumigando porque al salir al patio sentía de inmediato un fuerte gusto metálico que le picaba y le adormecía la lengua. Minutos después de percibir este gusto en la boca, la máquina mosquito aparecía barriendo el lote a escasos 20 o 30 metros de su alambrado perimetral.

Cuadro clínico familiar y Cáncer: Reveló que sus dos hijas (quienes pasaron su infancia en esa casa) padecieron cuadros crónicos severos de broncoespasmo, llegando la menor de ellas a sufrir tres crisis respiratorias mensuales durante el invierno y dos internaciones hospitalarias por neumonía aguda. Ante la pregunta del Dr. Fernando Cabaleiro, testificó que en marzo de 2020 su esposa debió ser operada de urgencia por un cáncer de mama, aclarando que si bien científicamente no puede afirmar una relación causal directa, es el panorama epidemiológico que le tocó vivir a su núcleo familiar conviviendo con el esquema de fumigaciones.

Muestreos de la PFA: Confirmó que personal de la Policía Federal se constituyó en el patio trasero de su propiedad para extraer muestras periciales de tierra y de agua subterránea directamente desde el pozo de bombeo de su domicilio.

Reconocimiento fotográfico (Prueba Flagrante): El fiscal Ignacio Falconi solicitó proyectar en la pantalla del tribunal dos fotografías aportadas por el testigo en el año 2018. Marina las reconoció en el acto y las describió ante los jueces: las imágenes, tomadas de noche desde el fondo de su patio sobre la línea de su cerco vivo (ligustrina), mostraban con nitidez un poste de luz urbana y, campo adentro a una distancia de 20 o 30 metros del alambre, las luminarias de la máquina fumigadora mosquito operando en plena clandestinidad nocturna.

4. Testimonio de Fabricio Maximiliano Gabriel Ortiz Riquelme (Sobrino de Sabrina Ortiz)
Ratificación del atentado en la ruta: El joven de 20 años compareció para testificar exclusivamente sobre el incidente vial de julio de 2020. Relató que viajaba en la camioneta Toyota doble cabina de su abuelo Pedro Ortiz tras finalizar una jornada de trabajo en el campo, transitando por el carril de la ruta a unos 60 km/h.

Declaró que él venía "entredormido" en el asiento del acompañante y se despertó sobresaltado por el violento volantazo que dio su abuelo para evitar que una camioneta Hilux blanca que bajó a gran velocidad desde el puente de la autopista los embistiera de manera directa.

Identificación del agresor: Afirmó que, a pesar de tener 14 años en ese momento, pudo identificar con total claridad al conductor del rodado agresor como el imputado Fernando Cortese, a quien conocía de vista por ser el dueño de los campos linderos en conflicto con su tía Sabrina Ortiz. Sostuvo que el hecho les provocó un profundo temor familiar a sufrir represalias físicas o ser seguidos en la vía pública.

Contramano de la defensa: El Dr. Escudero (defensor de Cortese) intentó desacreditar el testimonio argumentando que, si el testigo venía dormido y el volantazo fue de su propio abuelo, existía una inconsistencia al señalar a Cortese, además de relativizar la exclusividad del vehículo por ser una camioneta blanca común en zonas rurales. El testigo se mantuvo firme ratificando que el vehículo de Cortese era plenamente reconocible en la localidad.

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